Sobre el proyecto
Uno de los textos que más ha influido en mi manera de entender el mundo es El cisne negro, de Nassim Taleb. En él, Taleb plantea una idea desafiante: los eventos que verdaderamente transforman nuestras vidas no suelen ser previsibles. Y, sin embargo, cuando ocurren, nos apuramos en explicarlos como si siempre hubieran sido inevitables. Como si hubieran estado en el guion.
Vivimos aferrados a la idea de que controlamos lo que nos pasa. Pero el azar —esa fuerza silenciosa, intangible— es muchas veces quien escribe nuestras líneas más decisivas.
Desde la psicología, sabemos que decisiones fundamentales —dónde vivimos, con quién compartimos la vida— no siempre nacen de una planificación racional. Surgen de encuentros fortuitos, momentos azarosos que se vuelven determinantes. La neurociencia sugiere que el cerebro humano busca patrones incluso en el caos, porque necesitamos sentir que entendemos lo que ocurre. Que tenemos el control. Aunque no sea cierto.
En este contexto, Entramados nace como una forma visual de lo imprevisible. Una obra que celebra el cruce, la coincidencia, el accidente que cambia todo. Porque si uno se detiene a mirar bien, los grandes giros de la vida no aparecen en los calendarios ni en los planes quinquenales. Aparecen entre líneas. En desvíos. En errores con puntería.
Yo no elegí algunas de las cosas más importantes que me pasaron. O no las elegí de forma consciente. Una noche dije que sí a una salida que no tenía ganas de hacer… y conocí al amor de mi vida. Un día agarré un libro al azar de una estantería… y marcó mi vocación. Estaba en la fila equivocada… y eso me llevó a una charla que definió un proyecto. Respondí un mensaje que no era para mí… y se abrió una puerta inesperada.